Lolita gay pov

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Sus neuronas se desconectaron de nuevo cuando las manazas de Blaise la alzaron con escasa delicadeza y sintió la potente erección de su amigo frotarse contra su centro en un arrebatado frenesí.

A Zabini le gustaban las mujeres que sabían darse placer. Hablando de ironías; ella era serpiente, la gata era la otra: Pero una desgraciada intervención de Luna Lovegood había dado con sus intenciones al garete Blaise incluso la había dejado en el suelo con una maldición y se había apartado de ella, cosa extrañísima, Draco había retrocedido, Theo estaba atónito y Harry y Hermione escondían su incomodidad entre carcajadas.

Potter sabía cómo encender un fuego desde los rescoldos De nuevo, con un trago del moreno, unos pocos pasos y un gemido que había provocado en la pelo de escoba todos se habían puesto en movimiento, olvidado ya el juego y la tentación. Saltaron dentro del carro del Dios Príapo y se lanzaron en los brazos de Eros y Afrodita. Theo, como solía suceder, se hizo cargo.

Tomó al nuevo juguete entre sus brazos y se sentó con ella sobre las piernas, ofreciéndoles amplio acceso al campo de juegos. Pansy se despojó de su abrigo y se lanzó al juego, siguiendo por instinto su liderazgo conforme la mente calculadora de Theo analizaba cada gesto, cada mirada, cada movimiento, estudiando las reacciones del cuerpo de la muchacha mientras entre ambos trazaban caricias en su piel. Y cuando por fin entre todos lanzaron a la muchacha al abismo Pansy temblaba también, totalmente fuera de control.

Volvió a besarse con ella, absorbiendo dentro de su necesitado cuerpo las caricias que se le prodigaban a la mujercilla que desesperada intentaba jugar con ella, transmitirle su deseo y su placer, y Pansy se encontró complacida por ello incluso cuando Blaise se unió finalmente a ellos y comenzó a jugar con su propio cuerpo haciéndola tambalear y casi perder la cabeza. Theo miró a su mujer entre los brazos morenos de su amigo y otrora compañero de estudios y una primitiva furia barrió por su cuerpo, subyugando su mente y haciendo que un rugido se instaurara en sus oídos.

Finalmente sacudió la cabeza cuando Pansy gimió bajo el toque experto de Blaise. Oh, aquello sería divertido, le dejaría creer que estaban pares, compartiendo a su esposa, y entonces le daría a ella el comando de subyugarlo y lo pondría a sus pies, dejaría que Pansy consumara su deseo insatisfecho de la muchacha que Draco les había arrancado virtualmente de las manos con el cuerpo de Blaise. Blaise sería un buen entretenimiento, si lo sabría Theo, que se había permitido aprender también los caminos de su cuerpo.

Una orden bien disparada barría con la mente de su mujer, y su tono controlado y contenido hacía eses en el centro de ella, así que sabía cómo y cuando controlarla, cómo y cuando provocarla, cómo y cuando excitarla y volar su autocontrol. Con una sonrisa de malicia Pansy abandonó su mirada y se entregó con divina pericia a su tarea, cayendo de nuevo en una espiral de placer.

Casi gritó cuando los dientes perfectos de Pansy rozaron su piel, casi se perdió a si mismo dentro de esa boca de gloria. No cabía duda de que su buen amigo Theodore había entrenado bien a su prometida, esa era la ventaja de prometerse con una virgen, poder entrenarla y moldearla a tu gusto, no cualquier perra que hubiera corrido siete caminos y entrado a muchos ruedos, sino una joven y fresca flor cuyas formas pudieras amoldar a tu antojo, suprimiendo lo innecesario e injertando lo deseado.

Con un "pop", como un sonido de descompresión, alojó por completo a Blaise. Pansy empezó a retirarse, asfixiada, pero la mano de Theo subió a su cabeza sosteniéndola implacablemente contra el otro hombre.

Pansy se había llevado una mano a los labios, sorprendida por el violento ataque de Theodore, limpiando con la parte trasera de su diestra las gotas de simiente que su arrebato habían hecho caer en su rostro. Se levantó de un tirón, sacudiéndose la ropa y tomando del suelo el abrigo que había descartado antes.

Se quedó muy quieta cuando Blaise le gritó a su hombre, tentando la suerte. Se quedó muy, muy quieta, esperando el desenlace. Cuando Theo se giró hacia ella con una mirada de maliciosa cólera y una clara idea impresa en todo su rostro ella le sonrió con dulzura antes de caminar hacia él con las manos extendidas, una en su dirección, la otra en la de Blaise, haciéndole creer al alto moreno que la idea era suya. Bullendo de excitación tomó a ambos hombres de las manos y los atrajo hacia sí, seduciendo a Blaise y calmando a Theo con el roce de sus cuerpos.

Blaise estrechó su cintura y la besó, sin importarle probarse a sí mismo, peores mierdas había hecho en su jodida vida. Theo nunca había sido tomado mucho en cuenta en el colegio, había sido un muchacho desgarbado y solitario que había crecido entre las manos de su padre mortífago para convertirse en un hombre de temer, en todos los sentidos, pero cómicamente sus amigos parecían seguir viéndolo como el muchacho tranquilo y apacible. Había sido especialmente espectacular mirar la sorpresa en los ojos de Draco cuando le habían hecho correrse a base de "inocuas" caricias, sin tocar ni una vez su región genital, y había sido divinamente vigorizante ayudarle entre ambos a vencer a la virginal y mojigata Astoria y conducirla a su primer orgasmo, mientras ella se aferraba como a un salvavidas a Pansy, confiando en que su amiga la recogiera al caer y la protegiera si algo iba mal.

Había requerido un enorme salto de fe, depositar confianza en otra persona para llegar tan lejos, confianza en su silencio, confianza en su respeto, confianza en su consideración y en su aprecio. Nadie derramaba su simiente dentro del cuerpo de su prometida sin ser autorizado por Theo o requerido por ella.

Su cuerpo y su mente deseaban placer, pero un resquicio de ella exigía retribución, podía haberles advertido, podía haberse apartado él y por primera vez se había aprovechado de su confianza, la de ambos. Odiaba el sabor de la simiente de los hombres, no había nada que hacerle, y ellos habían confiado en que él anunciaría su acercamiento al culmen, como siempre había sido. Ambos lo sabían, no necesitaban palabras para llegar a un acuerdo. Mientras él atrapaba su boca de nuevo, Pansy pensó en la absoluta verdad de su vida: Puedes aprender a ser sumisa, pero si como Pansy, la sumisión a tu pareja era un deseo natural, la relación podía ser un autentico paraíso.

En poco tiempo sus Doc Martens yacían olvidadas en el suelo, hechas a un lado, y sus medias de malla descansaban en el respaldo de uno de los muebles de cuero negro que se juntaban en cuadro junto a la chimenea que un descamisado Theodore que se estaba encendiendo.

Entonces se dirigió al mini componente y lo encendió, dejando sonar uno de los discos mixtos que habían armado entre ambos, una discografía completa de Metallica entremezclando los temas totalmente al azar. Honestamente, si alguien lo dijo, no pertenecía a su mundo Sería a lo mucho un estirado aristos Tras ella Blaise se había quitado la horrorosa camisa letrero y miraba su culo con profundo deseo mientras se sacaba las botas de lona y los pantalones.

Pansy tenía solamente una tanga compuesta de tres cintas de seda negra y un diminuto retazo triangular de encaje que apenas alcanzaba a "tapar" su liso monte de venus, Blaise casi había olvidado lo lindo que era ese cuerpecito blanco como una talla de alabastro.

Blaise nunca había estado allí en el Cottage, pero lo había reconocido de una fotografía, de la época en que eran unos críos irresolutos. Las argollas en los postes del cabecero y la base de la cama reclamaron su absoluta atención. Hacía mucho que no jugaba al Bondage, pues él, aunque había sido introducido en el camino del BDSM por su amigo Nott, lo había encontrado divertido, si, pero no limitante, ni exageradamente atractivo.

Unas cuantas ataduras y algo de spanking sí que podían avivar un fuego, pero él se consideraba lo suficientemente hombre para vivir sin andar mangoneando a una mujer por todo el lugar.

Aquello, para Blaise Zabini eran juegos en los que se podía divertir, podía tal vez adoptar algunos elementos para su propio placer eventualmente, pero no necesitaba echarse de cabeza al pozo como Nott. Que a Pansy le gustara todo aquello sólo suponía el atractivo de que las sumisas te daban el sexo que querías cómo lo querías en el momento que lo querías.

Pansy rió con soltura cuando Theo volvió con una botella de Fire Whisky menos de un minuto después de haber cruzado la puerta, y la atrancó nuevamente. Luego de hacerla beber un exagerado trago terminó de sacarse los pantalones y los pateó por allí en cualquier lugar, quedando en toda su gloriosa desnudez frente a su mujer, que se relamió los labios de puro anhelo.

Entonces la giró y se paró tras ella, encarando ambos ahora al moreno. Ella gimió cuando aplicó mayor presión sobre el nudo de nervios, la sintió estremecerse contra su pecho y escuchó con deleite el jadeo que escapó con su aliento. Su respiración casi se había reducido a puros jadeos. Pansy se estremeció, sus caderas corcovearon y las piernas se le cerraron involuntariamente cuando sintió las estocadas de su lengua.

Se encontró a si misma tratando de estarse quieta, mordiendo sus labios para no mendigarles por uno de sus miembros, barbotando entre jadeos y pidiendo una piedad que estaba segura que su cuerpo no quería. Blaise sabía cómo provocar y seguir provocando los nervios y el cuerpo de una mujer sin permitirle el clímax y estaba ejerciendo su arte en ella, jugando con Theo, esperando la orden de él para hacerla correrse.

Pero los momentos pasaban y se alargaban sin que ninguno de los dos se apiadaba de ella, de su pujante necesidad. Blaise aplicó otro dedo dentro de su cuerpo y su otra mano se coló entre sus cachetes, rozando el aro apretado de su esfínter, la lengua golpeó despiadadamente su clítoris y los dedos de Theo se hundieron en su piel cuando corcoveó de nuevo entre ambos.

Theo la tomó por el cabello cuando ella estaba casi a horcajadas sobre Blaise, lista para empalarse sobre él casi sin importarle un comino la voluntad de Theo. Theo se apartó de ellos y abrió una de las gavetas del vestidor que había cerca de la cama, tomando su tiempo para seleccionar un par de muñequeras y otro de tobilleras, gruesas bandas de cuero acolchado, con hebillas para cerrar, aldabillas para asegurar con los candados que tomó de la gaveta inferior y aros plateados de metal para atar con sogas a las argollas de la cama.

Los dedos de él rodearon su tobillo derecho primero y después el otro, y sintió sobre su piel el cuero de las abrazaderas, le entregó la mano derecha casi antes de que él la arrancara de su propia vagina y luego lo sintió rodearla para terminar el trabajo con el otro brazo. Theo dejó caer el collar cuando se arrodilló tras Pansy y entró en ella, la empujó casi hasta el orgasmo mientras él mismo se lubricaba con ella y se salió, entrando sorpresivamente en el lugar que antes había preparado con tanta delicadeza.

Su hombre la sostuvo mientras el placer estallaba, se expandía, la dominaba por completo y daba bandazos por todo su ser, sus labios se apartaron de Blaise, su voz se alzó en varias oportunidades y su cabeza cayó sobre el abdomen de Blaise mientras él ayudaba a Theo a evitar que se siguiera moviendo contra él.

Luego de unos necesarios momentos de sosiego, Theo se salió de ella y se puso en pie mirando la cama y a ambos con detenimiento. Mientras Blaise se levantaba habló de nuevo. Theo se les unió, llevando entre los dedos fuertes tiras de soga de alpinista, haciendo lazos con ellos en las argollas e inmovilizando a su prometida por las restricciones en sus tobillos y muñecas.

Theodore recorrió con cariño un camino de caricias de sus brazos abiertos a su pecho y jugueteó con los pezones, comprobando que se mantenían firmes y duros, orgullosamente apuntando hacia el techo en medio del rubor que cubría sus pechos y su vientre, adornando su rostro, el interior de sus brazos y la piel sedosa de sus muslos.

Hundió un dedo en su centro y lo agitó adentro y afuera, haciendo círculos en su canal y sobre el clítoris con el pulgar presionando firmemente hasta tenerla gritando de nuevo para ambos. El ítalo no se hizo de rogar, trepando a la cama entre sus piernas y besando sus labios con arrebato, tenerla allí, tan hermosa, tan deseosa, y totalmente a su merced, para disfrutarla como quisieran.

La vara de Nott cayó sobre la mesita de noche junto al collar de sumisión y el bote de lubricante. Theo se arrodilló junto a su cara, tomando su barbilla para girarla hacia él, presionando su glande contra sus jugosos labios.

Sucedió que Theo movió ligeramente su vara sin que ninguno de los dos se percatara y las restricciones desaparecieron del cuerpo de Pansy. Desaparecieron de su cuerpo para aparecer sobre el de Blaise, quien al notarlo se quedó perfectamente quieto tratando de asimilar lo que había ocurrido. Con otros dos pases de vara Blaise estaba firmemente asido a la cama, echado sobre Pansy, totalmente enterrado en ella y con el culo al aire.

Tiró con fuerza de las ataduras, pero entonces se dio cuenta que apenas podía moverse. Cuando traspasamos las fronteras existen consecuencias. Blaise se tensó cuando sintió los dedos fríos y pegajosos de Theodore Nott empezar a hurgar en un rincón preciado de su humanidad. Maldito si no sabía lo que el condenado estaba haciendo, maldito otra vez si lo iba a permitir.

La maldita volvió a sonreír, la nena subió la cabeza y posó un beso en su quijada, sacó un brazo de debajo de él Que le dieran si se dejaba poner la maldita cosa Blaise había hecho la jodida promesa.

Pero si eso sucedía, él Blaise, admitiría su deseo de explorar ese lado de su sexualidad llevando el jodido collar de Theo. La mujer gemía, chillaba, deliraba y se frotaba contra él, agitaba sus caderas en círculos al mismo tiempo que las elevaba para después dejarlas caer, Pansy estaba embistiéndose contra su miembro y él no podía hacer otra cosa que mantenerse firme y no dejarles ver lo que le hacían. No, la sensación era demasiado buena, y despertaba otras casi mejores en todo su cuerpo. Tan linda, inocente, pura y pendeja como se veía.

No respondió, apretó los labios, los parpados, se tragó el gemido que quería dejarlo en ridículo, contuvo la respiración un momento para reponerse, la voz en su cerebro volvió a mofarse de él, la ignoró, ni siquiera escuchó sus palabras. Estoy aquí, lo estamos haciendo bien, Theo no va a hacerlo si realmente no quieres, simplemente te vas a ir a casa con un dolor de pelotas. Toda aquella palabrería de mierda que le había dado Theo era eso: En el acto tomó con sus dedos delicados el Collar de Dominio y lo ajustó en torno al cuello grueso y sudoroso de Blaise, sintiendo que su pecho se henchía de orgullo por él.

Theo extendió una mano, acariciando la columna del moreno conforme subía hasta el cuello. Blaise se quedó muy quieto analizando esa frase, menos mal que no estaba borracho como Pansy, tomado estaba borracho no, ni Theo, y ambos lo sabían. Ponme la maldita cosa. Podía serlo, podría admitir a jugar con ellos, podía llevar el collar e incluso actuar como uno, pero cuando abriera la boca, iba a cagarla siempre, y se iba a ganar muchos castigos Blaise seguía su liderazgo en todo, actuaba sin rechistar bajo su comando Cerró sus dedos en torno a las delicadas muñecas y le dio una fuerte embestida, luego otra y otras, hasta que su rostro y su piel volvieron a cubrirse de ese delicioso rubor furibundo.

Una de las piernas de ella subió sobre su cintura y la otra se enredó bajo su rodilla apoyada, rodeando su pierna izquierda y la de Theo que acabada de rozar la suya. Pero aquello se sentía tan bien Otra oleada de placer barrió en torno a él y una vez superado el apretado esfínter y su dificultad inicial, Theo se deslizó lisamente el resto del camino, bombeando constantemente a un ritmo lento para permitirle acostumbrarse. Sujetó con una mano la cadera de Blaise mientras lo arropaba con su pecho y coló una mano entre los cuerpos del moreno y la muchacha, alcanzando su clítoris y haciéndola estremecerse mientras daba el primer serio empujón, llevando a Blaise con él y hacia ella.

Pansy gimió como enloquecida, Blaise siseó Sin importar si llovía o granizaba Pansy se pasaba todo el día en el atelier de su esteticista, siendo mimada, masajeada, consentida y adorada. Tenía manicura, pedicura, tratamientos para la piel, para el cabello Probablemente Theo querría matarla por dejarle a solas con Blaise en un momento tan intimo e incómodo, pero no le importó, no con la resaca que tenía. Pero cuando llegó a Malfoy Manor la recibió un elfo; Narcissa ya se había ido, Lucius estaba huraño e iba de salida y del cuarto de Draco brotaban ruidos indecorosos que dejaban poco a la imaginación.

Fue un buen día, se dijo Pansy al sentarse en una de las mesas de la heladería a eso de las seis de la tarde, prometía mejorar cuando Luna Lovegood se sentó a su lado dejando caer su bolsa, llena de souvenirs del concierto de la noche pasada que pensaba llevar a casa de sus amigas la zanahoria, en la silla sobrante.

Sería una noche interesante, se dijo Pansy escuchando de nuevo a Mago de Oz en el estar de la casita de la Weasley en los suburbios de Londres ,dónde se había relajado después de asegurarse de que nadie la hacía ascos a su presencia. Mejoraría, a juzgar por la compañía: Lo de ora derecha, ora socialista me ha encantado xD Una opción para no pasar malos tragos por erecciones imprevistas es depilarse uno a si mismo.

La imaginación es muy poderosa y es ahí donde reside el verdadero poder para conseguir placer. Hasta la próxima entrada. En primer gracias por comentar en mi blog. Llevo un par de días leyéndo tus artículos, pero hoy al fin me he decidido a comentar. Me encanta la naturalidad con la que tratas estos temas.

Es muy curioso lo que nos cuentas de la depilación y de la pornografía, yo soy de la opinión de que es mejor echarle imaginación al asunto, que ver un video ; Un beso.

Mi vecina es cosmetóloga y te aseguro, que depila hombres. Ella dice que, aunque en ocasiones les roza el falo, el tipo permanece muerto y sin reacción. Ha de ser la situación. Aunque yo, te lo juro, no creo que pudiese mantenerme como si nada. Me he perdido en la lectura pero para bien. Sólo puedo decirte que me hace gracia, y que escribes muy bien la profesora estaría encantada de leer esta historia.

También creo que la profesora Lolita debe de andar por la vida con una sonrisa de oreja a oreja y que las películas pornos son beneficiosas para el estrés hogareño jaja. Ojo, dije creo, nunca estoy segura de nada. Me encantan tus palabras. Aunque no te pongo cara, las expresiones inteligentes hablan por sí solas y siempre repito: Lo digo por la referencia que has hecho al Derecho Esta entrada es de mención extensa.

Después de ésta he estado leyendo 'Un maquinero y un snob escuchan Mozart en la ópera praguense' y he tenido que volver para comentar. No veas la gracia de acompañar la lectura de Lolita con el Canon ha sido el azar.

Tremendo, pero sin angustia a posteriori. Como Kacy Christine Wilson, de 28 años, profesora en un instituto de Florida y acusada —ahora- de practicar sexo en un armario de la clase con un alumno de 16 años. Desconozco cómo ha salido esta historia a la luz, pero no creo que Kacy Christine, de aquí en adelante Lolita, haya confesado que los gustan los menores, e igual de extraño me resulta pensar que fue el alumno quien la denunció.

Pero parece ser que así fue. El adolescente, que era virgen, ha dicho: El relato posee su patetismo lírico.

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No era a él a quien deseaba, no era ese cuerpo el que quería, pero estaba dispuesta a permitirle ponerle las manos encima si él conseguía apagar el fuego descontrolado de la hoguera que tenía entre las piernas.

Sus neuronas se desconectaron de nuevo cuando las manazas de Blaise la alzaron con escasa delicadeza y sintió la potente erección de su amigo frotarse contra su centro en un arrebatado frenesí. A Zabini le gustaban las mujeres que sabían darse placer. Hablando de ironías; ella era serpiente, la gata era la otra: Pero una desgraciada intervención de Luna Lovegood había dado con sus intenciones al garete Blaise incluso la había dejado en el suelo con una maldición y se había apartado de ella, cosa extrañísima, Draco había retrocedido, Theo estaba atónito y Harry y Hermione escondían su incomodidad entre carcajadas.

Potter sabía cómo encender un fuego desde los rescoldos De nuevo, con un trago del moreno, unos pocos pasos y un gemido que había provocado en la pelo de escoba todos se habían puesto en movimiento, olvidado ya el juego y la tentación. Saltaron dentro del carro del Dios Príapo y se lanzaron en los brazos de Eros y Afrodita.

Theo, como solía suceder, se hizo cargo. Tomó al nuevo juguete entre sus brazos y se sentó con ella sobre las piernas, ofreciéndoles amplio acceso al campo de juegos.

Pansy se despojó de su abrigo y se lanzó al juego, siguiendo por instinto su liderazgo conforme la mente calculadora de Theo analizaba cada gesto, cada mirada, cada movimiento, estudiando las reacciones del cuerpo de la muchacha mientras entre ambos trazaban caricias en su piel. Y cuando por fin entre todos lanzaron a la muchacha al abismo Pansy temblaba también, totalmente fuera de control.

Volvió a besarse con ella, absorbiendo dentro de su necesitado cuerpo las caricias que se le prodigaban a la mujercilla que desesperada intentaba jugar con ella, transmitirle su deseo y su placer, y Pansy se encontró complacida por ello incluso cuando Blaise se unió finalmente a ellos y comenzó a jugar con su propio cuerpo haciéndola tambalear y casi perder la cabeza.

Theo miró a su mujer entre los brazos morenos de su amigo y otrora compañero de estudios y una primitiva furia barrió por su cuerpo, subyugando su mente y haciendo que un rugido se instaurara en sus oídos. Finalmente sacudió la cabeza cuando Pansy gimió bajo el toque experto de Blaise.

Oh, aquello sería divertido, le dejaría creer que estaban pares, compartiendo a su esposa, y entonces le daría a ella el comando de subyugarlo y lo pondría a sus pies, dejaría que Pansy consumara su deseo insatisfecho de la muchacha que Draco les había arrancado virtualmente de las manos con el cuerpo de Blaise.

Blaise sería un buen entretenimiento, si lo sabría Theo, que se había permitido aprender también los caminos de su cuerpo. Una orden bien disparada barría con la mente de su mujer, y su tono controlado y contenido hacía eses en el centro de ella, así que sabía cómo y cuando controlarla, cómo y cuando provocarla, cómo y cuando excitarla y volar su autocontrol.

Con una sonrisa de malicia Pansy abandonó su mirada y se entregó con divina pericia a su tarea, cayendo de nuevo en una espiral de placer. Casi gritó cuando los dientes perfectos de Pansy rozaron su piel, casi se perdió a si mismo dentro de esa boca de gloria.

No cabía duda de que su buen amigo Theodore había entrenado bien a su prometida, esa era la ventaja de prometerse con una virgen, poder entrenarla y moldearla a tu gusto, no cualquier perra que hubiera corrido siete caminos y entrado a muchos ruedos, sino una joven y fresca flor cuyas formas pudieras amoldar a tu antojo, suprimiendo lo innecesario e injertando lo deseado.

Con un "pop", como un sonido de descompresión, alojó por completo a Blaise. Pansy empezó a retirarse, asfixiada, pero la mano de Theo subió a su cabeza sosteniéndola implacablemente contra el otro hombre.

Pansy se había llevado una mano a los labios, sorprendida por el violento ataque de Theodore, limpiando con la parte trasera de su diestra las gotas de simiente que su arrebato habían hecho caer en su rostro. Se levantó de un tirón, sacudiéndose la ropa y tomando del suelo el abrigo que había descartado antes. Se quedó muy quieta cuando Blaise le gritó a su hombre, tentando la suerte.

Se quedó muy, muy quieta, esperando el desenlace. Cuando Theo se giró hacia ella con una mirada de maliciosa cólera y una clara idea impresa en todo su rostro ella le sonrió con dulzura antes de caminar hacia él con las manos extendidas, una en su dirección, la otra en la de Blaise, haciéndole creer al alto moreno que la idea era suya.

Bullendo de excitación tomó a ambos hombres de las manos y los atrajo hacia sí, seduciendo a Blaise y calmando a Theo con el roce de sus cuerpos. Blaise estrechó su cintura y la besó, sin importarle probarse a sí mismo, peores mierdas había hecho en su jodida vida. Theo nunca había sido tomado mucho en cuenta en el colegio, había sido un muchacho desgarbado y solitario que había crecido entre las manos de su padre mortífago para convertirse en un hombre de temer, en todos los sentidos, pero cómicamente sus amigos parecían seguir viéndolo como el muchacho tranquilo y apacible.

Había sido especialmente espectacular mirar la sorpresa en los ojos de Draco cuando le habían hecho correrse a base de "inocuas" caricias, sin tocar ni una vez su región genital, y había sido divinamente vigorizante ayudarle entre ambos a vencer a la virginal y mojigata Astoria y conducirla a su primer orgasmo, mientras ella se aferraba como a un salvavidas a Pansy, confiando en que su amiga la recogiera al caer y la protegiera si algo iba mal.

Había requerido un enorme salto de fe, depositar confianza en otra persona para llegar tan lejos, confianza en su silencio, confianza en su respeto, confianza en su consideración y en su aprecio.

Nadie derramaba su simiente dentro del cuerpo de su prometida sin ser autorizado por Theo o requerido por ella. Su cuerpo y su mente deseaban placer, pero un resquicio de ella exigía retribución, podía haberles advertido, podía haberse apartado él y por primera vez se había aprovechado de su confianza, la de ambos.

Odiaba el sabor de la simiente de los hombres, no había nada que hacerle, y ellos habían confiado en que él anunciaría su acercamiento al culmen, como siempre había sido. Ambos lo sabían, no necesitaban palabras para llegar a un acuerdo. Mientras él atrapaba su boca de nuevo, Pansy pensó en la absoluta verdad de su vida: Puedes aprender a ser sumisa, pero si como Pansy, la sumisión a tu pareja era un deseo natural, la relación podía ser un autentico paraíso.

En poco tiempo sus Doc Martens yacían olvidadas en el suelo, hechas a un lado, y sus medias de malla descansaban en el respaldo de uno de los muebles de cuero negro que se juntaban en cuadro junto a la chimenea que un descamisado Theodore que se estaba encendiendo.

Entonces se dirigió al mini componente y lo encendió, dejando sonar uno de los discos mixtos que habían armado entre ambos, una discografía completa de Metallica entremezclando los temas totalmente al azar. Honestamente, si alguien lo dijo, no pertenecía a su mundo Sería a lo mucho un estirado aristos Tras ella Blaise se había quitado la horrorosa camisa letrero y miraba su culo con profundo deseo mientras se sacaba las botas de lona y los pantalones.

Pansy tenía solamente una tanga compuesta de tres cintas de seda negra y un diminuto retazo triangular de encaje que apenas alcanzaba a "tapar" su liso monte de venus, Blaise casi había olvidado lo lindo que era ese cuerpecito blanco como una talla de alabastro. Blaise nunca había estado allí en el Cottage, pero lo había reconocido de una fotografía, de la época en que eran unos críos irresolutos.

Las argollas en los postes del cabecero y la base de la cama reclamaron su absoluta atención. Hacía mucho que no jugaba al Bondage, pues él, aunque había sido introducido en el camino del BDSM por su amigo Nott, lo había encontrado divertido, si, pero no limitante, ni exageradamente atractivo.

Unas cuantas ataduras y algo de spanking sí que podían avivar un fuego, pero él se consideraba lo suficientemente hombre para vivir sin andar mangoneando a una mujer por todo el lugar.

Aquello, para Blaise Zabini eran juegos en los que se podía divertir, podía tal vez adoptar algunos elementos para su propio placer eventualmente, pero no necesitaba echarse de cabeza al pozo como Nott. Que a Pansy le gustara todo aquello sólo suponía el atractivo de que las sumisas te daban el sexo que querías cómo lo querías en el momento que lo querías. Pansy rió con soltura cuando Theo volvió con una botella de Fire Whisky menos de un minuto después de haber cruzado la puerta, y la atrancó nuevamente.

Luego de hacerla beber un exagerado trago terminó de sacarse los pantalones y los pateó por allí en cualquier lugar, quedando en toda su gloriosa desnudez frente a su mujer, que se relamió los labios de puro anhelo. Entonces la giró y se paró tras ella, encarando ambos ahora al moreno. Ella gimió cuando aplicó mayor presión sobre el nudo de nervios, la sintió estremecerse contra su pecho y escuchó con deleite el jadeo que escapó con su aliento.

Su respiración casi se había reducido a puros jadeos. Pansy se estremeció, sus caderas corcovearon y las piernas se le cerraron involuntariamente cuando sintió las estocadas de su lengua.

Se encontró a si misma tratando de estarse quieta, mordiendo sus labios para no mendigarles por uno de sus miembros, barbotando entre jadeos y pidiendo una piedad que estaba segura que su cuerpo no quería. Blaise sabía cómo provocar y seguir provocando los nervios y el cuerpo de una mujer sin permitirle el clímax y estaba ejerciendo su arte en ella, jugando con Theo, esperando la orden de él para hacerla correrse. Pero los momentos pasaban y se alargaban sin que ninguno de los dos se apiadaba de ella, de su pujante necesidad.

Blaise aplicó otro dedo dentro de su cuerpo y su otra mano se coló entre sus cachetes, rozando el aro apretado de su esfínter, la lengua golpeó despiadadamente su clítoris y los dedos de Theo se hundieron en su piel cuando corcoveó de nuevo entre ambos. Theo la tomó por el cabello cuando ella estaba casi a horcajadas sobre Blaise, lista para empalarse sobre él casi sin importarle un comino la voluntad de Theo.

Theo se apartó de ellos y abrió una de las gavetas del vestidor que había cerca de la cama, tomando su tiempo para seleccionar un par de muñequeras y otro de tobilleras, gruesas bandas de cuero acolchado, con hebillas para cerrar, aldabillas para asegurar con los candados que tomó de la gaveta inferior y aros plateados de metal para atar con sogas a las argollas de la cama.

Los dedos de él rodearon su tobillo derecho primero y después el otro, y sintió sobre su piel el cuero de las abrazaderas, le entregó la mano derecha casi antes de que él la arrancara de su propia vagina y luego lo sintió rodearla para terminar el trabajo con el otro brazo.

Theo dejó caer el collar cuando se arrodilló tras Pansy y entró en ella, la empujó casi hasta el orgasmo mientras él mismo se lubricaba con ella y se salió, entrando sorpresivamente en el lugar que antes había preparado con tanta delicadeza. Su hombre la sostuvo mientras el placer estallaba, se expandía, la dominaba por completo y daba bandazos por todo su ser, sus labios se apartaron de Blaise, su voz se alzó en varias oportunidades y su cabeza cayó sobre el abdomen de Blaise mientras él ayudaba a Theo a evitar que se siguiera moviendo contra él.

Luego de unos necesarios momentos de sosiego, Theo se salió de ella y se puso en pie mirando la cama y a ambos con detenimiento. Mientras Blaise se levantaba habló de nuevo. Theo se les unió, llevando entre los dedos fuertes tiras de soga de alpinista, haciendo lazos con ellos en las argollas e inmovilizando a su prometida por las restricciones en sus tobillos y muñecas. Theodore recorrió con cariño un camino de caricias de sus brazos abiertos a su pecho y jugueteó con los pezones, comprobando que se mantenían firmes y duros, orgullosamente apuntando hacia el techo en medio del rubor que cubría sus pechos y su vientre, adornando su rostro, el interior de sus brazos y la piel sedosa de sus muslos.

Hundió un dedo en su centro y lo agitó adentro y afuera, haciendo círculos en su canal y sobre el clítoris con el pulgar presionando firmemente hasta tenerla gritando de nuevo para ambos. El ítalo no se hizo de rogar, trepando a la cama entre sus piernas y besando sus labios con arrebato, tenerla allí, tan hermosa, tan deseosa, y totalmente a su merced, para disfrutarla como quisieran.

La vara de Nott cayó sobre la mesita de noche junto al collar de sumisión y el bote de lubricante. Theo se arrodilló junto a su cara, tomando su barbilla para girarla hacia él, presionando su glande contra sus jugosos labios. Sucedió que Theo movió ligeramente su vara sin que ninguno de los dos se percatara y las restricciones desaparecieron del cuerpo de Pansy.

Desaparecieron de su cuerpo para aparecer sobre el de Blaise, quien al notarlo se quedó perfectamente quieto tratando de asimilar lo que había ocurrido. Con otros dos pases de vara Blaise estaba firmemente asido a la cama, echado sobre Pansy, totalmente enterrado en ella y con el culo al aire. Tiró con fuerza de las ataduras, pero entonces se dio cuenta que apenas podía moverse. Cuando traspasamos las fronteras existen consecuencias.

Blaise se tensó cuando sintió los dedos fríos y pegajosos de Theodore Nott empezar a hurgar en un rincón preciado de su humanidad. Maldito si no sabía lo que el condenado estaba haciendo, maldito otra vez si lo iba a permitir. La maldita volvió a sonreír, la nena subió la cabeza y posó un beso en su quijada, sacó un brazo de debajo de él Que le dieran si se dejaba poner la maldita cosa Blaise había hecho la jodida promesa. Pero si eso sucedía, él Blaise, admitiría su deseo de explorar ese lado de su sexualidad llevando el jodido collar de Theo.

La mujer gemía, chillaba, deliraba y se frotaba contra él, agitaba sus caderas en círculos al mismo tiempo que las elevaba para después dejarlas caer, Pansy estaba embistiéndose contra su miembro y él no podía hacer otra cosa que mantenerse firme y no dejarles ver lo que le hacían.

No, la sensación era demasiado buena, y despertaba otras casi mejores en todo su cuerpo. Tan linda, inocente, pura y pendeja como se veía.

No respondió, apretó los labios, los parpados, se tragó el gemido que quería dejarlo en ridículo, contuvo la respiración un momento para reponerse, la voz en su cerebro volvió a mofarse de él, la ignoró, ni siquiera escuchó sus palabras.

Estoy aquí, lo estamos haciendo bien, Theo no va a hacerlo si realmente no quieres, simplemente te vas a ir a casa con un dolor de pelotas. Toda aquella palabrería de mierda que le había dado Theo era eso: En el acto tomó con sus dedos delicados el Collar de Dominio y lo ajustó en torno al cuello grueso y sudoroso de Blaise, sintiendo que su pecho se henchía de orgullo por él. Theo extendió una mano, acariciando la columna del moreno conforme subía hasta el cuello.

Blaise se quedó muy quieto analizando esa frase, menos mal que no estaba borracho como Pansy, tomado estaba borracho no, ni Theo, y ambos lo sabían. Ponme la maldita cosa. Podía serlo, podría admitir a jugar con ellos, podía llevar el collar e incluso actuar como uno, pero cuando abriera la boca, iba a cagarla siempre, y se iba a ganar muchos castigos Blaise seguía su liderazgo en todo, actuaba sin rechistar bajo su comando Cerró sus dedos en torno a las delicadas muñecas y le dio una fuerte embestida, luego otra y otras, hasta que su rostro y su piel volvieron a cubrirse de ese delicioso rubor furibundo.

Una de las piernas de ella subió sobre su cintura y la otra se enredó bajo su rodilla apoyada, rodeando su pierna izquierda y la de Theo que acabada de rozar la suya. Pero aquello se sentía tan bien Otra oleada de placer barrió en torno a él y una vez superado el apretado esfínter y su dificultad inicial, Theo se deslizó lisamente el resto del camino, bombeando constantemente a un ritmo lento para permitirle acostumbrarse.

Sujetó con una mano la cadera de Blaise mientras lo arropaba con su pecho y coló una mano entre los cuerpos del moreno y la muchacha, alcanzando su clítoris y haciéndola estremecerse mientras daba el primer serio empujón, llevando a Blaise con él y hacia ella. Pansy gimió como enloquecida, Blaise siseó Sin importar si llovía o granizaba Pansy se pasaba todo el día en el atelier de su esteticista, siendo mimada, masajeada, consentida y adorada.

Tenía manicura, pedicura, tratamientos para la piel, para el cabello Probablemente Theo querría matarla por dejarle a solas con Blaise en un momento tan intimo e incómodo, pero no le importó, no con la resaca que tenía. Pero cuando llegó a Malfoy Manor la recibió un elfo; Narcissa ya se había ido, Lucius estaba huraño e iba de salida y del cuarto de Draco brotaban ruidos indecorosos que dejaban poco a la imaginación. Fue un buen día, se dijo Pansy al sentarse en una de las mesas de la heladería a eso de las seis de la tarde, prometía mejorar cuando Luna Lovegood se sentó a su lado dejando caer su bolsa, llena de souvenirs del concierto de la noche pasada que pensaba llevar a casa de sus amigas la zanahoria, en la silla sobrante.

Sería una noche interesante, se dijo Pansy escuchando de nuevo a Mago de Oz en el estar de la casita de la Weasley en los suburbios de Londres ,dónde se había relajado después de asegurarse de que nadie la hacía ascos a su presencia. Ella dice que, aunque en ocasiones les roza el falo, el tipo permanece muerto y sin reacción.

Ha de ser la situación. Aunque yo, te lo juro, no creo que pudiese mantenerme como si nada. Me he perdido en la lectura pero para bien. Sólo puedo decirte que me hace gracia, y que escribes muy bien la profesora estaría encantada de leer esta historia. También creo que la profesora Lolita debe de andar por la vida con una sonrisa de oreja a oreja y que las películas pornos son beneficiosas para el estrés hogareño jaja.

Ojo, dije creo, nunca estoy segura de nada. Me encantan tus palabras. Aunque no te pongo cara, las expresiones inteligentes hablan por sí solas y siempre repito: Lo digo por la referencia que has hecho al Derecho Esta entrada es de mención extensa.

Después de ésta he estado leyendo 'Un maquinero y un snob escuchan Mozart en la ópera praguense' y he tenido que volver para comentar. No veas la gracia de acompañar la lectura de Lolita con el Canon ha sido el azar. Tremendo, pero sin angustia a posteriori. Como Kacy Christine Wilson, de 28 años, profesora en un instituto de Florida y acusada —ahora- de practicar sexo en un armario de la clase con un alumno de 16 años. Desconozco cómo ha salido esta historia a la luz, pero no creo que Kacy Christine, de aquí en adelante Lolita, haya confesado que los gustan los menores, e igual de extraño me resulta pensar que fue el alumno quien la denunció.

Pero parece ser que así fue. El adolescente, que era virgen, ha dicho: El relato posee su patetismo lírico. Imagino todo lo contrario en el adolescente. Desordenado, anti-sibarita, sudadera de capucha y, claro, con la pelambrera adolescente sin rasurar. Y este es otro hecho curioso. Pero ahora, con la modernización del culto al cuerpo, la cosa ha cambiado, y los hombres también se depilan.

Pero la cuestión radica en la ausencia de la depilación baja, digo: Por una idea estrictamente sexualizada. Entra un chico a un centro para depilarse la zona baja. Le atiende una chica:

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